Señor de
la palabra
Por: José Luis Ayala*
Periodista
 |
| 1)
Un escritor que no suele hablar de literatura y cuya
única tarea es escribir. 2) En EE UU, Gonzales
Viaña se descubrió asimismo y el mundo
del inmigrante. 3) En Sarita Colonia, el autor hurga
en la necesidad de Dios que tiene la gente. |
Eduardo Gonzáles
Viaña, es catedrático en Western Oregon University.
Ha recibido el Premio Latino de Literatura en los EE UU
y el Premio Internacional Juan Rulfo. La pasada semana presentó,
en Lima, su novela sobre la historia de famoso curandero
norteño 'El Tuno' en la sede de la Asamblea de Rectores.
También presentó 'Mateo', un libro para niños,
en La Kasa Tomada de Conquistadores-San Isidro, Lima.
Aqui una entrevista que hoy publica el diario la La Primera
de Lima, Perú.
- Tu literatura parece estar atravesada
por tres constantes: la magia del lenguaje, la indagación
acerca de la realidad y la añoranza, ¿es verdad?
- ¡Qué extraordinario es este análisis!
Por primera vez me encuentro con tres frases que describan
fielmente lo que yo trato de hacer. Es verdad, mis libros,
mis obras traen un mensaje, son coherentes en cuanto a eso,
desde siempre estuve interesado en una literatura con contenido
y mensaje. No hago literatura de moda, literaturas que flotan,
no soy un hombre de modas, soy un hombre de convicciones.
En mi literatura como en la novela Don Tuno, expreso las
antiguas sabidurías del mundo andino. Don Tuno es
eso, una expresión shamánica de una medicina
y religión que fueron prohibidas, extirpadas por
los colonizadores y que después, en nuestro tiempo,
por supuesto ha pasado de moda. La globalización
ha tratado de borrar los vestigios, pero esta es una respuesta
que nace de nuestro mundo milenario, como una forma de hacer
frente a la realidad. En Sarita Colonia trato de buscar
en la creencia, en la necesidad de Dios que tiene nuestra
gente, es una respuesta frente al desamparo y la pobreza.
- Pero, al mismo tiempo tus dos
últimas novelas tienen un ámbito más
amplio. ¿A qué se debe?
- Tal vez al hecho de encontrarme en los Estados Unidos
y descubrir a otros latinoamericanos. Me hizo entender que
tenía una patria mucho más grande de la que
había soñado, una patria con fronteras que
se extiende desde la Patagonia hasta el río Grande,
con personas tan parecidas a mí, con los mismos recónditos
milenios de experiencia, con las mismas esperanzas para
penetrar en el mundo del Norte.
- Descubriste otro mundo.
- Me descubrí a mí mismo como al mundo del
inmigrante, sobre eso he escrito antes y estoy escribiendo
ahora. Por esa razón, mi literatura sobre los inmigrantes
es coherente con la que escribía acá, es potente,
es poderosa.
- Hay una marcada presencia autobiográfica.
- Por supuesto, en todas mis novelas participo yo y por
eso es que aparece efectivamente mi experiencia terrenal,
humana.
- En cuanto a la estructura literaria,
ninguna novela se parece a la otra, ¿a qué
se debe esa decisión?
- Es verdad, lo cierto es que no soy un escritor de escuelas
ni cafés. Soy un escritor que no habla de literatura,
no discute acerca de este tema y no sabe hacer otra tarea
más que escribir. Como creador soy bien huraño
y no podría perder tiempo por ejemplo hablando sobre
este asunto. Por eso, cada uno de mis libros es un ensayo
diferente, no me adhiero a ninguna escuela, soy muy insular.
Mira, además de Don Tuno, presentaré otra
novela que se llama Maestro Mateo, publicado en España,
por la Editorial S. M. Ediciones. Trata de emular el milagro
de Harry Potter en el mundo inglés. En España,
se venden millones de libros dedicados a los niños,
pero mi novela está escrita para ser leída
por niños de trece años a hasta de 99.
- ¿Reconoces que tus libros
tienen un mágico hálito de poesía?
- Seguramente, eso es lo que todos suponen ¿no? Los
comentarios críticos dicen eso, pero lo hago sin
intención porque nace, porque me viene, es que así
soy. Unos editores en Estados Unidos me dicen: “Usted
debe poner 17.5 % de realismo mágico y 45% de no
sé qué”. Son cosas absurdas, en realidad
nosotros somos por completo mágicos y por completo
realistas, es nuestra manera de pensar. Yo no escribo concientemente
para que sea un acto mágico, yo hago magia.
- ¿Tienes alguna herencia
del boom literario?
- He leído y releo con interés y cariño
a García Márquez, para mí es el Cervantes
de nuestra época, tanto como por el mundo que trata
como por los valores que exalta. No sé si tenga herencias,
eso ya lo dirán los críticos. Leo, vuelvo
a leer a Rulfo, al mismo Arriola y no pertenecen al boom.
- ¿Cual es tu mejor libro?
- El que estoy escribiendo ahora y está dedicado
a los niños, creo que tengo un mensaje que ha pasado
por la exaltación de nuestros valores, por los personajes
de nuestra antigua sabiduría, por el reconocimiento
de nuestra potencia a los EE UU. Ese mensaje debe ser entregado
a los niños. Escribo a razón de una novela
cada dos meses, la primera se llama Maestro Mateo. Es la
historia de un perro que fue mi gran amigo y en quien recreo
muchas etapas de mi propia vida.
- ¿A cuál de tus
libros quieres más?
- A un libro pequeñito que fue toda mi esperanza
y lo hice físicamente con mis propias manos, fue
hecho en tipografía, se llama Los peces muertos,
mi primer libro. Se imprimió en una tipografía
y para abaratar los costos aprendí tipografía,
fue en Trujillo que armé el libro, allí aprendí
todos los azares que el futuro me deparaba como escritor.
Fue exaltado por la prensa limeña pero dos semanas
después descubrí que en Trujillo se habían
vendido sólo dos o tres ejemplares. Así supe
que la tarea sería difícil.
- ¿Cuántos libros
has leído?
- Tu casa es grande y está llena de libros. Creo
que he leído varias casas tuyas, además comencé
a leer en bibliotecas y continúo en ellas. Tendría
que sumar todo cuanto he leído. Bueno, no sé
cuántos serán. Creo que el cielo está
lleno de libros y allí podré leer los que
no he leído en vida.
- ¿Qué libros volverías
a leer?
- La obras completas de Borges y Neruda, eso me libera de
toda necesidad de recuentos que podrían parecer injustos.
- ¿Has dejado de escribir
cuentos?
- No, jamás. Lo que pasa es que los cuentos no se
publican, las editoriales no publican cuentos, pero sí
escribo cuentos sobre inmigrantes y quizá debería
convertirlos en novelas.
- ¿Qué es más
importante el cuento o la novela?
- Lo más importante es publicar, así puedo
transmitir un mensaje. Yo quisiera escribir lo uno y lo
otro, pero lo importante es que sea leído, mientras
tanto me quedo en el terrible silencio de quienes están
en los cafés conversando acerca de cómo escribir.
Prefiero hablar con la voz ancestral de los chiuchis (amuletos
en plomo para la buena suerte), a través de ellos
he podido ver el universo, las estrellas, sobre todo el
corazón de la gente. En Turín vi a un viejo
maestro, poeta aymara, leyendo la suerte a muchas personas,
fue francamente fabuloso.
- Una pasión tuya es el
periodismo.
- Todo el tiempo, la primera vez que trabajé en el
periodismo fue cuando tenía once años, trabajé
en el periódico de mi pueblo como corrector de pruebas.
Se llamaba La Unión y se editaba en Pacasmayo, ahora
se llama Últimas noticias. De modo que desde esa
edad he olido a tinta de imprenta hasta ahora, ¿qué
te parece cholo? El periodismo llega instantáneamente
y más aún ahora con el Internet, el libro
tarda mucho.
- De no haber sido escritor, ¿qué
hubieras sido?
- ¿Qué hubiera sido? Hubiera sido un blanco
aventurero o un indio emperador.
----------------------------------------------
*José Luis Ayala
Periodista - (Entrevista publicada por el
diario La Primera de Lima, Perú)