El
secuestro de Cambio16
Fujimori: La Prensa
amenazada
Por: Jorge Zavaleta Alegre*
Periodista
 |
El
Semanario español Cambio16, que anuncia una nueva
edición desde Nueva York, publicó en su
edicion de este lunes un especial sobre la mordaza fujimorista
a la prensa.
El caso de Cambio16 es una elocuente muestra |
Un
caluroso viernes, al mediodía, del mes de marzo de
1994, recibí una llamada. “Le habla el director
de fronteras de la cancillería”, escuché
del otro lado de la línea telefónica, servicio
con el cual Fujimori había inaugurado el masivo remate
internacional de las empresas públicas del Perú.
“Nos gustaría invitarlo, esta noche a las ocho,
en nuestras oficinas para conversar sobre un artículo
relacionado con “la paz ecuaperuana” que usted
ha publicado en Cambio16 y que nuestro embajador en Colombia
ha tenido la amabilidad de adelantarnos vía fax”.
Gracias
por la invitación, pero señor Torres usted
comprenderá que un mensaje de este tipo y la hora
que sugiere, suena a intimidación y el anuncio de
una eventual represión. Antecedentes de esta naturaleza
ya se han producido con varios periodistas que critican
al régimen.
El encuentro fue el lunes siguiente, por la mañana,
en un café del centro de Lima. Asistí con
dos abogados amigos, Juan Vicente Requejo, decano del Colegio
de Periodistas y un directivo de la Asociación de
Prensa Extranjera del Perú (APEP), y la atenta espera
de reporteros de la agencia EFE, diario la República
y la periodista Cecilia Valenzuela de un canal de TV. El
diálogo con el representante del Ministerio de Relaciones
Exteriores, pareció esclarecedor.
Sin
embargo, la otra cara de la diplomacia no se dejó
esperar. A solicitud de ésta, la 11° Fiscalía
de Lima autorizó a su policía especializada
a requisar e inmovilizar Cambio16, edición 1,166
del 26 de marzo de 1994, que ya estaba en librerías
y puestos de venta. Los sucesivos editoriales de Juan Tomás
Salas y Daniel Samper, desde Madrid, condenando el atropello,
amainaron, en un primer momento, la represión personal.
La
cancillería peruana no objetaba la mencionada crónica
sino el mapa del Banco Central de Reserva del Ecuador, que
fijaba soberanía amazónica, diferendo que
aún mantiene heridas abiertas. Si bien en 1995, después
de frecuentes escaramuzas y enfrentamientos armados a lo
largo de más de medio siglo, se ratificó el
Tratado de Río de 1942, hasta ahora la paz no ha
llegado.
En
la zona ecuaperuana hay aún campos minados, la pobreza
sigue siendo intensa y las prometidas inversiones sociales
por la comunidad internacional son simplemente una quimera.
Hay pueblos fronterizos, incluyendo puestos militares, que
paradójicamente extrañan los tiempos de guerra,
que llevaba más dinero para obras públicas
y alimentación para la tropa.
Fujimori
fue siempre un peligro para la democracia, tan endeble en
este continente. Cambio16, con sus ediciones especiales
para América, junto con El País, Vanguardia
y los despachos de EFE, le eran muy incómodos, pero
muy difíciles de ser acallados. Mucho más
cuando se descubrió que en plena guerra, traficantes
de armas de Argentina y Chile, países que habían
avalado el Protocolo de Paz y Límites de 1942, abastecían
de armamento al Ecuador, con la intermediación de
Vladimiro Montesinos, hoy condenado a larga prisión,
destino similar que le espera al presidente peruano japonés,
por delitos de lesa humanidad.
Fujimori
agudizó su obstinado rechazo a Cambio16, cuando condenamos
el cierre del Congreso y el referéndum para perpetuarse
en el poder. Más aún cuando informamos del
trabajo social de su entonces esposa, la ingeniera civil
Susana Higushi. Palacio de Gobierno le boicoteó iniciativas
como llevar agua limpia a varios pueblos de Cajamarca, no
obstante la cooperación prometida del Banco Mundial,
que después se la negó.
Mustio,
monosilábico y negado para el arte es Fujimori. Por
eso será que cuando el fiscal le anuncia una pena
de 30 años de prisión, trata de refugiarse
en la pintura. La administración palaciega siempre
estuvo contra esta primera dama de la nación, inclusive
para apoyarla en actividades culturales.
Solo
un caso. Gheorghe Zamfir, el famoso flautista rumano, en
un concierto de bellas melodías folclóricas
y música de danza gitana, saludado como el “rey
de la Flauta Pan”, actuó casi solitario en
la Casa de Pizarro. Recordaba Zamfir que la Flauta de Pan
fue el diamante de los pastores que la hicieron su compañera
en las solitarias montañas donde pastaban sus rebaños.
Interpretó, entre otras piezas, Corre a mí,
El pastor solitario, A la Luz de las Velas, y no llegaron
los invitados. Solo tres periodistas y un par de embajadores.
El personal de la casa de gobierno, poco a poco desapareció
hasta que la anfitriona se quedó sola. Susana de
Fujimori había sido víctima de la ira y la
desconfianza del hierático esposo y de los celosos
familiares protagonistas de tráfico de las donaciones
de ropa usada.
Tiempo
después, la cónyuge del presidente, con evidente
depresión y sufrimiento, relataba telefónicamente
desde su habitación enrejada y con candado, que su
peor frustración era no haberse logrado como persona
y extrañaba el contacto con sus hijos, que estudiaban
en costosas universidades norteamericanas, pensiones pagadas,
según otras fuentes, por Vladimiro Montesinos.
El
fujimorismo nunca se atrevió a enviarnos aclaraciones
o rectificación alguna. Pero semana tras semana nos
hacía un seguimiento, con visitas o llamadas a nuestras
oficinas y domicilio. “Estamos actualizando el directorio
del comando conjunto de las fuerzas armadas. Le estamos
dejando fotografías de un familiar suyo en una reunión
(fantasma). Reiteramos la invitación por el día
del ejército. La agencia de viajes ya le envió
sus pasajes”, era el mecanismo de intimidación
hasta que la Fiscalía, cuatro años después,
dejó bajo la puerta una nota, indicando que el caso
“ecuaperuano” había sido archivado.
Este paréntesis facilitó nuestra participación
en la denuncia internacional sobre el peligro de la epidemia
del cólera si se consumía pescado, uno de
los alimentos más contaminados por las hediondas
aguas de las playas limeñas. El corresponsal de EFE,
Paco Figueroa, quien le manifestó el unánime
rechazo del grupo de periodistas convocados a degustar pescado,
curiosamente un mes tuvo que dejar Lima.
En
otro momento Cambio16 entrevistó a Fujimori. El Perú,
mostraba una macroeconomía ligeramente mejor en la
Región. El efecto Pisco era positivo, en relación
a los efectos Tequila de México y Banano de Ecuador.
Fujimori, recorría los pueblos más remotos
en un helicóptero en compañía de su
médico de cabecera que llevaba medicina para las
pequeñas postas y cuatro periodistas, apodadas las
“geishas” de cuatro canales de televisión
que lo apoyaban incondicionalmente.
Desde
un teléfono satelital daba órdenes a sus ministros
y congresistas secretarios. En una pequeña libreta
anotaba las promesas a cada aldea. Días después
me recibió en su despacho blindado con puertas de
acero. Mientras jugaba con el control remoto para supervisar
los noticieros, deshojaba sus anotaciones en las casillas
enumeradas. Montesinos, tenía asignada la número
19.
La
entrevista duró cerca de dos horas. No permitió
fotografía alguna. Su fotógrafo personal,
quemó un rollo. Ya en Lima existían máquinas
digitales y correo electrónico, pero Fujimori ni
siquiera recordaba que su slogan de campaña era “Tecnología,
honradez y trabajo”.
En
la larga cita, que podría haber sido rica en mensajes,
Fujimori prefirió musitar y musitar hasta que se
atrevió a decir: “Quiero hacer del Perú
el país más seguro del mundo, inclusive de
los EEUU, para la inversión extranjera”. Efectivamente
lo cumplió. Firmó contratos blindados con
múltiples empresas transnacionales, cuyas inversiones
fueron recuperadas en menos de un año, como ocurrió
con la española Telefónica.
Y
en materia de Derechos Humanos utilizó solo la represión
indiscriminada sobre todo para enfrentar la violencia de
Sendero Luminoso y el Movimiento Tupac Amaru. El saldo de
víctimas, cuyo informe de la Comisión de la
Verdad, llega a 70 mil muertos, sigue aumentando cada amanecer
al descubrirse nuevas fosas, en tanto el gobierno aprista,
viejo aliado del fujimorismo, se opone al Museo de la Memoria
en homenaje a esa siniestra etapa.
Valga
la ocasión para reiterar nuestro culto incondicional
por la libertad de prensa, porque el periodismo es el oficio
que se debe exclusivamente a sus arduos lectores, que por
lo general, en estas tierras amenazadas por la corrupción
infinita y la pobreza, son cada vez más escasos de
voluntad, de tiempo y de dinero.
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* Jorge Zavaleta Alegre
Periodista (Publicado en Cambio16-España)