Lima
2009 y el gran aporte de la vivienda popular
Por:
Jorge Zavaleta Alegre
(Agencia RegiónPress)
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Villa
El Salvador, la ciudad autogestionaria de
los años ‘70, fundada por los
migrantes de la sierra del centro y sur del
Perú.
San
Felipe, emblemática residencial de
la Lima de los ‘60, con amplios espacios
públicos y áreas verdes |
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Lima,
poblada por más de 8 millones de personas, la cuarta
parte de la población del Perú, sufre los
efectos de una urbe que hace más de medio siglo perdió
el horizonte de un desarrollo social armónico e integral.
El 18 de Enero, cumplió 474 años de fundación
española, arrastrando un déficit de más
de un millón de viviendas, transporte caótico
al no tener vías rápidas, cercanas playas
infestadas por los desagües y un boom de construcción
que arrasa los espacios públicos, entre otros problemas.
Enrique
Ciriani, notable arquitecto peruano que destaca en Europa,
al igual que Rodó Tiznado, con nostalgia y convicción
del valor de su obra en la Lima de los sesenta, retomar
el pulso a su tierra natal, y encuentra en la vivienda
de los amplios sectores populares una rica fuente de
inspiración, para hacer de la ciudad un espacio
humano.
Después
de asistir, junto con su colega Tiznado, a la XIII
Bienal de Arquitectura Peruana, en el cual ambos
pudieron apreciar los 140 proyectos de diferentes ciudades
del país, nos habla, en esta entrevista, del presente
y futuro de la capital del Perú.
Jorge
Zavaleta Alegre: Ud. se inició con
los proyectos residenciales de San Felipe, Matute y Ventanilla.
¿Cómo percibe el actual crecimiento de la
capital del Perú?
Enrique
Ciriani: Soy beneficiario de un momento mágico
en que la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad
Nacional de Ingeniería tenía no solo los mejores
profesores sino al mismo tiempo los mejores teóricos
y constructores del país.
Fue
un momento increíble. Cualquier profesor era extraordinariamente
bueno. Esos docentes habían desarrollado, por ejemplo,
Huampaní, como parte de Chosica y Chaclacayo (en el
lado este de Lima, camino a Jauja, la primera capital del
Perú). Fernando Belaúnde Terry, que después
fue presidente de la república en dos períodos,
era el Decano de esa Facultad de Arquitectura, Urbanismo y
Artes y promotor de la Carretera Marginal de la Selva.
La
educación era de gran calidad. En ese entonces se decía
“a la par con Londres”, como una comparación
entre nuestra moneda de el Sol que tenía el mismo valor
que la Libra Esterlina. En ese entonces, efectivamente, pude
hacer el proyecto Matute, en el distrito limeño de
La Victoria, que beneficiaba al estadio de fútbol del
equipo Alianza Lima, y San Felipe y Ventanilla. Esos tres
proyectos para quien tenía solo 26 años y llegaba
a Europa, significaba una ventaja en relación con quienes
enseñaban en ese nuevo país.
'A
esa etapa quiero que regrese el Perú', afirma. Y se
pregunta ¿Por qué no se puede llegar?
Un
viceministro de Vivienda, Eduardo Chulén Dejo, del
régimen de Fujimori, llamó a Ciriani para que
emprendiera una iniciativa arquitectónica. Hice una
propuesta en Huerta Perdida, un lugar peligroso, bajo el cuidado
de policías armados con ametralladoras. El proyecto
involucraba la Alameda de Los Descalzos, El Paseo de Aguas
y Cinco Esquinas. Hubiera sido el eje de la Nueva Lima. Lamentablemente,
nadie se atrevió a presentar esta propuesta a Fujimori.
¿En
este país no se puede hacer una obra de esa dimensión?,
se pregunta de nuevo.
Lo
que se ha hecho, por ejemplo, de San Isidro es una muralla
de edificios que cubre de sombra ese espacio verde de El Golf,
sombra que afectará a los árboles.
Cada
vez que hay una oportunidad de construir algo de calidad,
la angurria capitalista se acapara de esos espacios. En ese
mismo San Isidro, en la pequeñísima plaza donde
está la Virgen del Pilar, había un hermoso jardín,
luego se levantó un enorme centro comercial, absolutamente
horrible.
El
hotel JW Marriot, en Miraflores, desvirtúa el eje urbanístico
de la avenida Larco. No se sabe dónde empieza o termina
está avenida. Hay edificios en el Perú de hoy
que hacen daño a la ciudad. Pueden ser bellos o feos,
pero no nocivos para la ciudad. Ingresar a Miraflores desde
el centro de Lima era una elegancia. Ahora nos encontramos
con edificaciones que impiden apreciar la buena arquitectura.
Miraflores
hoy ni siquiera te recibe. El problema mayor es la angurria
de sacar jugo al terreno. El objetivo de los constructores
está absolutamente desprovisto de sentido cívico,
y eso es lo que indigna.
En
Santiago de Chile, los edificios no son medianeros. San Paulo
vista desde el aire parece una ciudad infernal, pero cuando
uno aterriza se aprecia la abundancia de áreas verdes,
que separan de las construcciones. Los edificios no se tocan
entre ellos.
JZA:
Entonces, ¿No hay proyección, planeamiento de
la ciudad moderna?
EC:
No basta decir eso. Debe prohibirse el muro medianero
porque divide solo los dos primeros pisos, después
se altera. La parte posterior de un edificio se convierte
en fachada de la calle siguiente. Sistemáticamente,
por la invasión del cemento, han desaparecido los jardines
interiores de las casas. Las zonas de parqueo, como en Europa,
deben ocupar el subsuelo. Cualquier avivato no debe ser constructor.
Estoy indignado. A mi me han robado mis recuerdos. A mi me
han robado mi ciudad.
JZA:
¿Se trata de nuevas leyes o de convicciones éticas?
EC:
Todo está escrito, el problema no es de leyes. A las
municipalidades no les interesa la belleza sino los predios.
Para que haya ornato es necesaria la conciencia ciudadana.
Lo peor es que conforme pasan los días los problemas
de la ciudad se agudizan. Cuando iba al colegio, tenía
árboles frutales a lo largo del camino. Yo comía
moras en la calle. Estoy hablando como un viejo.
JZA:
La informalidad se ha acentuado. Además, ¿Construir
con licencia automática no agudiza la inseguridad?
EC:
Lo informal, definido como la capacidad para superar la adversidad
en medio de una selva de dificultades, es lo más creativo
que cuenta el país en los sectores populares. Tengo
el proyecto de dictar un curso de postgrado en la Universidad
Peruana de Ciencias Aplicadas – UPC. Quiero inventar
una arquitectura en la cual se conjugue esa creatividad del
poblador peruano y el beneficio para la ciudad.
JZA:
¿Cómo se manifiesta esa informalidad en la urbanística?
Podría describir algunas de esas manifestaciones.
EC:
Un lote hay que dividirlo en 50% para área verde, con
árboles de varios metros de alto, y en el otro 50%
que se construya lo que desea, inclusive fuera de reglamento
y sin pago de arbitrios. Pienso que con los mejores estudiantes
haremos proyectos para ofrecerlos a las municipalidades. Otra
reflexión. Un constructor podría no pagar predios
si levanta edificios de vivienda con terrazas y jardines.
JZA:
¿Esas ideas expuestas nacen por efecto de la migración
masiva del campo a la ciudad?
EC:
En efecto. Veamos como en Villa El Salvador se inventó
una valiosa forma de construir ganando espacio. Pues a partir
del segundo piso se aprovecha una salida al aire de un metro.
Este diseño ya es parte del modelo de vivienda en esa
zona de Lima.
Villa
El Salvador es también un centro de la construcción
y del boom de la madera. He visto como los pobladores para
cuidar un árbol construyen hasta tres cercos de defensa:
uno para evitar la cercanía de perros, otro para que
la gente no se meta contra las plantas y el tercero para proteger
de los vehículos motorizados.
Nunca
estuve contra lo informal, porque el informal lleva adelante
un proyecto que lleva en la mente. Busca lo que piensa. Busca
lo que quiere. Tenemos que lograr que la gente valore la ciudad
como el lugar donde plasma sus ideales. Voy a trabajar con
los 25 jóvenes de mayor talento y en seis meses podremos
dar a conocer nuestros proyectos.
Muchos alcaldes dedican mucho tiempo y dinero en querer rescatar
los centros históricos. ¿Qué le parece?
Hay
que olvidarnos de ese tema para otro momento. En todo caso
es una preocupación de quienes sueñan ser como
los otros países. El Perú tiene que ser de los
peruanos. Soy un aficionado del fútbol y si no estamos
bien en este deporte, lo cual es muy triste. Pero no podemos
tener mal fútbol y mala arquitectura.
Veamos
Puruchuco, es un lugar histórico muy bonito, pero carece
de árboles. Para que una ciudad funcione, el principio
fundamental es la prioridad del espacio público con
respecto al espacio privado.
JZA:
¿Pero se puede hacer algo por la antigua ciudad?
EC:
Hoy en el Rímac no hay nada que convoque. Sino hay
árboles para respirar, las ciudades se convertirán
en una especie de cáncer. No estoy para replanteamientos
estrictos, porque el peruano poco se adapta, estoy porque
los municipios hagan obra pública, respondiendo al
sentir de la identidad del ciudadano.
La
Lima de décadas pasadas tenía el Bosque de Mata
Mula, el Parque de Marte para la recreación de la gente.
Mariátegui, el socialista, hacia camping en el Mata
Mula, hay registros fotográficos de esa época.
La burguesía ha acabado con todos los valores preestablecidos
en aras del progreso, entre otras cosas, con el hecho democrático,
salvo que los ricos para justificar sus bienes y como una
compensación entregan parques zoológicos y museos.
El problema es que los ricos de ayer como de hoy no sienten
“ninguna mala conciencia”. Vemos que en la crisis
actual se benefician aquellos que manipulan el dinero y no
así la gente que trabaja. Hay que ver la crisis como
una oportunidad para darse cuenta que sin necesidad de credos
revolucionarios, el dinero abunda para los bancos y no para
los trabajadores. La plata que no existía la han encontrado
en todas partes. Todo el dinero es para los bancos. Van a
salvar a las financieras y la industria de automóviles.
JZA:
¿El norte seguirá liderando ese modelo de desarrollo
con superabundancia, mientras que para el sur no hay alternativas?
EC:
No podemos aferrarnos solo a las condiciones del
clima, que sin duda en el norte son más duras, sino
a la valoración del trabajo. En el sur se trabaja menos,
y no hay razón para trabajar más. La realidad
nos indica que quien trabaja más termina dominando
al resto. Los anglosajones se valen de un intenso pragmatismo
y del mayor uso de la tecnología. Por eso valoro lo
informal, en el sentido de creación para sortear diferentes
obstáculos que plantea la vida cotidiana y el Estado
de espaldas.
Observando
los mapas del mundo, me impresionan las barriadas de China.
El Perú ocupa el décimo lugar, mientras que
en China el 90% de su urbanización es informal, luego
siguen India, Brasil, entre otros. Son lugares donde no se
han cubierto las necesidades básicas. En Venezuela,
las barriadas no se ven desde el aire, porque se encuentran
cubiertas por la vegetación.
JZA:
¿Cómo pensaba que debía crecer Lima cuando
empezó ese desborde popular, del que nos habla el sociólogo
Matos Mar y el arquitecto Adolfo Córdova?
EC:
La arquitectura moderna no es un estilo, es una causa. Ha
sido inventada para beneficio de todos. Cuando uno construía
un edificio pensaba que estaba haciendo sociedad.
La
gente que vivía en tugurios iba a ser trasladada a
edificios. Lo importante es que le gente consideraba que iba
estar mejor. La forma de la ciudad no interesaba, porque nosotros
trabajábamos dando grandes espacios libres y verdes.
Estábamos hablando de un mundo utópico, que
hacíamos patria, haciendo sociedad. San Felipe se llamaba
el monumento a la clase media, después vino Sendero
Luminoso.
San
Felipe se construyó con lavandería, guardianía,
escuelita. Las casas de dos pisos. Me emociono cuando recuerdo
esa época. Yo soy el producto de una época.
En
ese entonces, tuve oportunidad de visitar La India y pude
apreciar que todo el mundo quería construir la paz.
Todos los arquitectos hacían lo mismo en la década
del cincuenta al setenta, etapa en la que la humanidad salía
de la guerra mundial.
No
hay nada comparable a los años sesenta. El ande se
trasladaba a la costa para quedarse. Nacieron las ampliar
barriadas, que hoy se conocen como asentamientos humanos,
ocupando terrenos desiertos y sin servicios.
Ahora,
construir hacia arriba me parece que es un argumento engañoso.
Se puede hacer edificios fabulosos con la misma densidad,
pero sin comprar los espacios públicos. Demandamos
un espacio urbano de calidad preexistente. Construir edificios
de 20 pisos sin espacios libres es un absurdo. Nada lo exige,
si queremos una Lima para todos sus habitantes.
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* Entrevista publicada en la revista Cambio16 - España
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